
La caída a mínimos históricos de los niveles de agua en los dos embalses más grandes de EE.UU. amenaza la vida en el suroeste del país, hogar de una treintena de comunidades indígenas, y aboca a México a afrontar con dureza los graves estragos de una escasez que parece no dar tregua.
Los lagos Powell y Mead, vitales para el suministro energético de al menos siete estados del país -Arizona, California, Colorado, Nevada, Nuevo México, Utah y Wyoming-, registraron esta semana un desplome que los llevó a sus niveles más bajos en décadas, motivados por la severa sequía que atraviesa la cuenca del río Colorado.
Esta crisis condujo al Gobierno estadounidense a ultimar un plan destinado a recortar el suministro de agua en los estados de Arizona, California y Nevada para proteger la mayor red hidráulica del país.
Aunque la medida fue aplaudida por destacadas figuras políticas como el gobernador de California, el demócrata Gavin Newsom, también se cuestionó la falta de ambición del Gobierno por ofrecer una solución más allá del corto plazo.
“Cualquier solución a largo plazo debe compartir la responsabilidad de manera equitativa entre los siete estados, reconociendo la nueva realidad del río Colorado”, indicó Newsom en un comunicado.
Y es que con un sistema en mínimos históricos, la región afronta siete meses críticos -hasta que en marzo comience el deshielo en cotas altas que alimenta la cuenca- por delante. “Apenas estamos en agosto y no tenemos ni idea de lo que nos deparará el próximo invierno”, indicó a EFE el director del Centro de Estudios del Río Colorado de la Universidad Estatal de Utah, Jack Schmidt.
Difícil arranque del año
Si bien se espera una temporada inusual de fuertes lluvias con la llegada del fenómeno de El Niño entre finales de otoño y principios de invierno en gran parte de la costa oeste, los datos arrojan que “los caudales de entrada estarán por debajo de lo normal el próximo año”, agrega.
“Sea como sea, entre ahora y principios de abril no hay esperanza de que entre agua en el sistema. El sistema está en mínimos históricos y aún nos quedan siete meses por delante”, insistió.
Los efectos de esta crisis tendrán mayores repercusiones entre las comunidades indígenas de Estados Unidos, que rechazan una medida que, a su juicio, refleja la marginación de sus poblaciones en la gestión de los recursos hídricos.
“Nuestro papel limitado en este proceso no refleja la naturaleza ni el alcance de nuestros derechos”, denunció recientemente la fiscal general de las Tribus Indígenas del Río Colorado (CRIT, en inglés), Rebecca Loudbear, en una carta recogida por el medio ICT News en la que recordaba a las autoridades que su pueblo posee el derecho de agua sobre más del 23 por ciento de toda la asignación de Arizona.
Una sequía que arrastra a México
La presión a la que se encuentran sometidos los grandes embalses de EE.UU. compromete además el suministro de la vecina México, que se beneficia de una parte del agua del río Colorado como parte del histórico Tratado de Aguas de 1944.
“La situación no entiende de fronteras. Cuando el sistema colapsa en la cuenca alta, el impacto se propaga inevitablemente hacia abajo, poniendo a prueba la resiliencia de los acuerdos internacionales y de las poblaciones que dependen de ellos”, explicó Schmidt.
Los agricultura constituirá, de hecho, el factor más damnificado a la hora de asumir estos recortes de agua, ya que “cada gota de agua que llega a México se desvía principalmente para irrigar los campos de cultivo del Valle de Mexicali y también para desempeñar un papel fundamental en el suministro de agua de Tijuana“, sentenció.
Con información de EFE
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