
Por Daniel Zovatto, director y editor de Radar LATAM 360
Brasil no eligió presidente en la primera vuelta del 4 de octubre, tal como habíamos anticipado en consonancia con las encuestas. Pero las urnas sí modificaron la distribución del poder.
Flávio Bolsonaro —de extrema derecha y candidato del Partido Liberal— dio la sorpresa y terminó primero; su partido amplió su presencia en el Congreso y sus aliados conquistaron gobiernos estatales decisivos. Lula —de izquierda— conserva posibilidades de lograr su reelección, aunque deberá disputar el balotaje en un terreno mucho menos favorable.
Una remontada de Lula sigue siendo posible, aunque el camino es cada vez más difícil. La cuestión de fondo trasciende quién ocupará el Planalto: qué hará la derecha con el capital político acumulado y qué capacidad tendrá la izquierda —gane o pierda el presidente— para renovar su proyecto y sus liderazgos.
Resultados
Mi análisis distingue dos planos. La Presidencia permanece abierta hasta el 25 de octubre. En cambio, el fortalecimiento legislativo y territorial del bolsonarismo y de otros sectores de la derecha ya ocurrió en buena medida. Incluso una remontada de Lula en la segunda vuelta no borraría esa transformación.
Flávio obtuvo el 47,03 % de los votos válidos, unos 56,1 millones; Lula, el 45,16 %, cerca de 53,9 millones. La diferencia ronda 1,87 puntos y 2,2 millones de sufragios. La distancia mantiene abierta la competencia, pero invierte las expectativas. Flávio llega con iniciativa política; Lula debe explicar su retroceso, reconectar con sectores de la sociedad que se sienten frustrados con la situación actual y encontrar votos adicionales.
La abstención fue del 21,08 %: aproximadamente 33,5 millones de electores. Los votos blancos representaron el 1,84% de los emitidos, unos 2,3 millones, y los nulos el 2,93%, cerca de 3,7 millones. Conviene respetar los denominadores: la abstención se calcula sobre el padrón; blancos y nulos, sobre quienes votaron. En conjunto, alrededor de una cuarta parte del electorado no expresó una preferencia presidencial válida.
El mapa ofrece una señal especialmente adversa para Lula. Minas Gerais, segundo colegio electoral y termómetro tradicional de la competencia nacional, pasó a favorecer a Flávio: aproximadamente 48,2% frente a 43,3%. Tocantins también cambió de inclinación respecto de la primera vuelta de 2022. El Nordeste sostiene al presidente, pero conservar ese bastión resulta insuficiente.
El activo más importante de la derecha está en el Congreso. El Partido Liberal tendrá 121 de los 513 diputados, frente a los 99 elegidos en 2022. En el Senado proyecta 28 de los 81 escaños para 2027, después de conquistar 19 de las 54 plazas renovadas. Será la primera fuerza en ambas cámaras. La federación encabezada por el PT contará con 88 diputados y el partido de Lula conservará nueve senadores. El retroceso presidencial del oficialismo no equivale, por tanto, a su desaparición parlamentaria.
Sin embargo, el PL reúne menos de una cuarta parte de los diputados. Incluso sumando los 87 de União Progresista, alcanzaría 208, por debajo de los 257 de la mayoría absoluta. La derecha dispone de un amplio espacio de alianzas, pero no de una coalición automática. El centrão conserva capacidad de negociación. Sus partidos comparten preferencias económicas, pero defienden recursos, cargos e intereses territoriales. La afinidad facilita acuerdos; no elimina su precio.
En los Estados, veinte gobernaciones se resolvieron en primera vuelta y siete jurisdicciones seguirán en disputa. El PL ganó cinco; el PSD, cuatro; PT y Republicanos, tres cada uno. Si se consideran los apoyos presidenciales, diez gobernadores electos respaldan a Flávio y cinco a Lula. Sobresalen Tarcísio de Freitas en São Paulo y Cleitinho en Minas Gerais, además de aliados en Paraná y Rio Grande do Sul. La ventaja territorial proporciona interlocutores empresariales, redes de movilización y visibilidad para el balotaje.
Ese capital admite tres usos: ganar la Presidencia, construir una mayoría reformista o presionar a los contrapesos institucionales. La composición del Senado vuelve particularmente relevante el tercero. La promesa de liberar a Jair Bolsonaro y la campaña contra integrantes del Supremo pueden transformar una victoria electoral en una confrontación entre poderes. Los escaños obtenidos permiten disputar la agenda; no autorizan a desconocer sentencias ni convierten la represalia en una política legítima de gobierno.
La tendencia regional
La elección brasileña encaja en una tendencia latinoamericana, aunque sería un error reducirla a una irresistible conversión ideológica. En buena parte de la región, la insatisfacción con la seguridad, el costo de vida y los servicios públicos alimenta el voto de castigo a los oficialismos. La derecha ofrece hoy, en distintos países, el vehículo electoral más eficaz para canalizar ese malestar. Pero un voto contra quien gobierna puede expresar frustración antes que adhesión duradera a un programa conservador.
Argentina, Honduras, Chile, Bolivia, Colombia y Perú —entre otros países— muestran, con trayectorias distintas, el desplazamiento regional hacia gobiernos de derecha o centroderecha. Brasil podría darle una dimensión decisiva. Sus instituciones, coaliciones y relaciones con Washington difieren. También existen continuidades de gobiernos de derecha. El voto de castigo y el giro ideológico se superponen, sin ser el mismo fenómeno.
Para Lula, esa distinción es crucial. Los buenos indicadores agregados no garantizan gratitud electoral. Un empleo puede coexistir con deudas difíciles de pagar, inseguridad cotidiana y expectativas frustradas. Cuando los ciudadanos perciben que trabajar no les permite progresar o que el Estado no puede protegerlos, el balance macroeconómico pierde fuerza persuasiva. La izquierda se debilita si trata la seguridad como una preocupación secundaria o confunde la defensa de sus logros históricos con una respuesta a las necesidades presentes.
También pesa el agotamiento de un liderazgo indispensable. Lula permitió al PT conquistar y recuperar el poder, pero su centralidad ha dificultado la sucesión. A los 80 años, en su séptima candidatura presidencial, y en búsqueda de un cuarto mandato presidencial no consecutivo y de su reelección, representa una trayectoria extraordinaria y un problema de renovación. Defender la democracia es necesario; convertir esa defensa en toda la oferta electoral resulta insuficiente. Los electores quieren saber cómo vivirán mejor dentro de esa democracia.
Flávio tampoco ha demostrado una visión convincente de futuro. Su ventaja incorpora el apellido, la identidad conservadora y el rechazo al PT. El bolsonarismo sobrevivió a la condena de su fundador, pero debe acreditar la calidad de su programa. Una coalición construida contra Lula puede ganar una elección y fragmentarse al decidir qué gastos reducir, qué intereses afectar y qué concesiones aceptar. La política del rechazo tiene eficacia electoral, pero una capacidad limitada para gobernar.
La euforia de los mercados
Los mercados le concedieron, por ahora, un voto de confianza. El lunes 5 de octubre, el Ibovespa subió un 7,70% y cerró en 206.911,89 puntos; durante la sesión llegó a avanzar un 9,10%. El dólar cayó un 4,12%, hasta unos cinco reales. El resultado alteró las probabilidades de alternancia. La fortaleza parlamentaria de la derecha reforzó la expectativa de que un eventual Gobierno de Flávio podría aprobar medidas económicas con mayor facilidad.
La lógica financiera es comprensible. Los inversores anticipan contención del gasto, una trayectoria de deuda más sostenible, menor intervención estatal y más desregulación. Si esas expectativas se cumplen, podrían reducirse las primas de riesgo y los intereses, mejorando las condiciones de inversión. Una menor tasa de descuento aumenta el valor de los beneficios futuros; un real más fuerte favorece algunos sectores y perjudica a exportadores.
El entusiasmo contiene una apuesta exigente. Reducir el gasto requiere decisiones concretas y respaldo político, no solo una declaración de principios. Los aliados parlamentarios pueden apoyar la disciplina fiscal y reclamar simultáneamente mayores recursos para sus territorios. Además, una agenda de revancha contra la justicia podría destruir parte de la confianza que una agenda económica pretende construir. La previsibilidad institucional también es un activo financiero. Los mercados deberán valorar ambas dimensiones cuando las promesas se conviertan en decisiones.
Los desafíos de Lula y de Flavio
Quedan tres semanas decisivas. Lula afronta una remontada difícil: necesita ampliar su base electoral y ofrecer una perspectiva de futuro que trascienda la defensa de su trayectoria. Eso exige respuestas convincentes sobre seguridad y bienestar económico, junto con acuerdos capaces de recuperar a los electores moderados. También deberá movilizar a quienes se abstuvieron, especialmente a los mayores de 70 años, para quienes el voto es facultativo. Su desafío consiste en convertir el respaldo potencial en participación efectiva y convencer a los indecisos de que un cuarto mandato ofrecería renovación, además de continuidad.
Flávio Bolsonaro llega al balotaje con ventaja y buscará consolidarla atrayendo a los votantes de los candidatos eliminados —Augusto Cury, Renan Santos, Ronaldo Caiado y Romeu Zema—, situados principalmente en el centro y la derecha. Esa proximidad ideológica favorece su candidatura, pero no garantiza una transferencia automática de apoyos. Para ampliar su coalición, deberá ofrecer garantías de competencia económica, previsibilidad institucional y respeto a los límites del poder. El rechazo a Lula puede ayudarlo a ganar; gobernar exigirá un proyecto que vaya más allá de la restauración familiar y convierta la demanda de cambio en una propuesta creíble de futuro.
En suma: Brasil enfrenta una derecha fortalecida y una izquierda obligada a repensarse. El 25 de octubre decidirá quién preside.
La democracia brasileña —la mayor de América Latina y la segunda del hemisferio— afronta una de sus pruebas más exigentes desde la recuperación democrática, hace más de cuatro décadas. Su fortaleza se medirá en la legitimidad del resultado, en la disposición del perdedor a reconocer su derrota y en el compromiso del vencedor de respetar los límites del poder.
La entrada Brasil: la derecha avanza de la mano de Flavio Bolsonaro mientras Lula busca la remontada aparece primero en López-Dóriga Digital.
